domingo, 26 de enero de 2025

CUANDO LA CÁRCEL FUE ESCUELA

(Leído en homenaje a Guillermo Rodriguez estadio nacional 25 enero)

No voy a dar nombres porque no importa, pero vale decir que teníamos en común la pupila fija en la utopía y que también nos pesaba tanta humanidad devastada por el odio.

Veníamos con la adolescencia en efervescencia, con el amor y la subversión ardiendo de todas las maneras posibles, con el ímpetu recién estrenado.

Lo nuestro era arrojarnos al abismo, cobrar las cuentas pendientes. Vencer o morir, no como consigna sino como proyecto, como salvación, como redención, éramos unos críos naciendo a la lucha, agarrando la posta que nos dejaron ustedes.

Y pasó que nos saludamos, nos tomamos unos mates, nos compartimos los deseos y nos hicimos compañeros.

Entre las galerías y pasillos de la Pública conocimos tu historia y nos sentimos pequeñitos ante tanta "ficha", tanto caudal bajando el valle. Y lejos de la arrogancia, todo eso lo transformaste en escuela. Tú y otros compañeros nos armaron una ruca, un lugarcito para crecer, un espacio que contuvo el ímpetu y nos levantó los andamios para sostener ese instinto que buscaba la vida nueva, un poco a tientas hasta ese entonces.

Y te hiciste maestro, padre y compañero. Y tanto te esmeraste en formarnos que hiciste de las celdas las mejores aulas revolucionarias. Nos presentaste a la Rosa Luxemburgo, a Trostski, a Gramsci, a Mao, a Mariategui y a tantos y tantas otras que, en algún momento, muchas lunas después, algunos nos atrevimos, sin dejar de temblar, a discutirte de política. Y fue como egresar y poder mirarte de otro modo, sin rebajar tu altura, sin dejar de sentir que estabas ahí, detrás de lo que pudimos empezar a pensar por nosotros y nosotras mismas.

Quizá fuiste el primero que nos aceptó y validó en tiempos en que desistir era lo sensato. Y ahora que lo pensamos, era obvio, eras el loco Willi, el Pepe grillo más revolucionario y consecuente que conocimos.

No nos arrepentimos de hacerte caso y de no pescarte a ratos. El viaje siempre fue contigo, nos acompañamos con teoría, con práctica y con el mejor humor negro que siempre fue aliado para los malos tiempos.

Como todo buen profe, fuiste profeta de la crónica de una locura anunciada. Y aunque no estuviste de acuerdo con esas decisiones, nos apañaste, nos cuidaste, nos regañaste y nos arropaste también. Sabías que eran nuestros muertos los que nos estaban tironeando la sangre. En ese trayecto, también nos alcanzó la prisión, pero ya nos habías preparado. Por eso el golpe de los esbirros no fue tan duro, nos habías enseñado lo que era la tortura, la cárcel, la traición de los cercanos, entonces podíamos saber lo que se venía y eso nos hizo más fuertes. Sin ti, todo habría sido mucho más difícil.

Lo último que queremos tirar al viento hoy, pensando en ti, es que, después toda esa historia compartida, después de esas oncecitas con la Elsita y lxs calcetines wachos en la Ángela Davis, después de ver en el tiempo a tus hijxs, después de humanizarte, de celebrar tus luces y reconocer tus sombras, seguimos sintiendo que la causalidad nos dio uno de los más grandes privilegios que puede tener alguien que cree en el socialismo y el comunismo como horizonte y única posibilidad de una vida digna para lxs más.

Y ese privilegio, como hace unos días me recordó mi compañero, fue haberte conocido. Gracias por tu vida, Guille. Te extrañaremos siempre.

viernes, 10 de enero de 2025

La Filosofía de la praxis como concepción del mundo: Intelectual y callejera. La dialéctica de Gramsci

Por Gonzalo Ossandón Véliz 

Hay que destruir el prejuicio, muy difundido, de que la filosofía es algo muy difícil por el hecho de que es la actividad intelectual propia de determinada categoría de científicos especialistas o filósofos profesionales y sistemáticos.[1]

I. Todos son filósofos

Con esta escueta frase: «todos los hombres son filósofos», Antonio Gramsci cuestiona los paradigmas filosóficos planteados hasta ese momento y a la vez mundaniza la celestial práctica política, otorgando así tan honorífica membrecía tanto a fulana como a zutano. En una frase, todos, todas y todes, si a nuestra propia existencia se refiere, somos filósofos. O sea, podemos asumir de un modo consciente una determinada concepción del mundo que nos permite vivir la vida que vivimos. Se une así el pensamiento común con el pensamiento elaborado en las distintas épocas, en un vínculo que no admite cortes; siendo el pensamiento común no consciente en parte consecuencia de las elaboraciones conscientes de los filósofos profesionales y viceversa.

Así,

los dilemas derivados del conocer, pensar y dudar no serían exclusivos de la actividad propia de singulares intelectuales, sino más bien una creación colectiva e histórica, y su importancia radicaría precisamente en la relación existente entre estos intelectuales y los «hombres y mujeres-masa» que producen su realidad de acuerdo con lo que histórica y socialmente se les ha condicionado de manera congruente con una determinada hegemonía.

Luego, nuestro modo de pensar y de obrar, sea consciente o no, constituye nuestra moral y orienta todas las actividades cotidianas, desde aquellas que nominamos como económicas, filosóficas, políticas e incluso aquellas que consideramos superficiales e irrelevantes, y es en ellas donde producimos colectivamente la historia social de nuestra realidad concreta.

Constituimos así una filosofía espontánea que emana del quehacer cotidiano inmediato, de la vida que consideramos como práctica y de aquel conjunto de nociones y conceptos que contienen las ideas que expresamos a través del lenguaje, nuestro sistema de creencias y opiniones, etc., que se vierte, según Gramsci, en el sentido común.

Destruido este prejuicio tan difundido, Gramsci nos propone pasar al momento de la crítica en relación con nuestra manera de concebir el mundo, preguntándonos qué tanto ella ha sido el producto de una propia y consciente elaboración. Cabe destacar la estrategia escritural con la cual formula esta invitación. Se trata de una pregunta en la que las dos opciones nos interpelan, pues no da lo mismo cuál se elija:

Una vez se ha demostrado que todos son filósofos, aunque sea a su manera, inconscientemente, porque incluso en el lenguaje, esa manifestación mínima de actividad intelectual, se halla contenida una determinada concepción del mundo, se pasa al segundo momento, el momento de la crítica y de la conciencia, es decir, a la siguiente cuestión: ¿Es preferible «pensar» sin tener conciencia crítica, de forma disgregada y ocasional, es decir, «participar» en una concepción del mundo «impuesta» mecánicamente por el ambiente externo (…) ¿O es preferible elaborar la propia concepción del mundo consciente y críticamente y, por tanto, en conexión con semejante esfuerzo del propio cerebro, elegir la propia esfera de actividad, participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guía de nosotros mismos y dejar de aceptar pasiva y supinamente desde el exterior la huella que queda sobre nuestra personalidad?[2]

Esa decisión personal y voluntaria que significan estos actos es lo que nos convierte en guía de nosotros y nosotras mismas; dejando ya de ser orientados, reproduciendo la enajenación, por una concepción del mundo foránea que modela nuestro vivir según un determinado fin y que, curiosamente, solemos desconocer.

Adoptar una actitud crítica con respecto a nuestra propia realidad nos posibilita adquirir consciencia de lo que se es y de nuestra historicidad, y, por ende, comprender de mejor modo el instante del desarrollo social en el que vivimos.

Dicha actitud nos permite también hacer visibles las huellas que las ideologías dominantes han dejado en nosotros y, por lo tanto, poner en cuestión a todas las filosofías que hasta ahora existieron, considerando que estas se consolidaron al calcificarse en la conciencia común colectiva. Es por ello que el inicio de una elaboración crítica consiste en un «conócete a ti mismo» que hace explícita la necesidad de inventariar las ideas recibidas, reconocer que nuestra personalidad es producto de una serie de relaciones sociales, económicas, históricas, políticas, filosóficas y culturales; y que somos a la vez productores y resultado del pensamiento común de nuestra época.

Esta elaboración crítica resulta decisiva para Gramsci, ya que permite develar la relación dialéctica entre la filosofía, la política y la historia, como también entre la teoría y la práctica. Pero, además, sus afirmaciones buscan aludir a la necesidad de establecer un nexo entre los filósofos y la praxis cotidiana de las personas, construyendo un vínculo concreto, social e histórico entre teoría y práctica.

Cabe enfatizar que, al ser este nexo dialéctico, ambos términos (intelectuales/praxis cotidiana de las personas) se van alterando mutuamente y cambiando en la medida de cómo se relacionan en una situación histórica concreta. Es por esto también que al trazar una línea continua que va desde la espontaneidad del sentido común al pensamiento más elaborado de un filósofo o una filósofa, habilita la oportunidad de que como formación personal cualquier individuo pueda acceder a intervenir en las grandes problemáticas que nos aquejan como humanidad.

Asimismo,

sus planteamientos consideran los obstáculos existentes para que cualquier persona acceda al nivel más elevado de la teoría de su época, lo cual se fundamenta en la importancia que se le asigna en las sociedades modernas a la conformación de las élites en la producción del conocimiento.

Gramsci nos invita a problematizar en torno a esta cuestión, lo que nos lleva a la crítica de todas las concepciones del mundo a las que adscribimos de manera inconsciente. El cuestionamiento a estas concepciones del mundo permite visualizar cómo las ideologías que se conforman en culturas políticas pretenden ser hegemónicas y resultan ser propias de ciertos agrupamientos sociales:

Merced a la propia concepción del mundo se pertenece siempre a un determinado agrupamiento, y precisamente al de todos los elementos sociales que comparten un mismo modo de pensar y actuar. Se es conformista de cierto conformismo, se es siempre hombres-masa u hombres-colectivos. La cuestión es esta: ¿de qué tipo histórico es el conformismo o el hombre-masa del que se forma parte? Cuando la concepción del mundo no es crítica y coherente sino ocasional y disgregada, se pertenece simultáneamente a una multiplicidad de hombres-masa, la personalidad propia se compone de forma extraña (…)[3]

Cabe destacar de la cita anterior, la distinción realizada por el sardo entre «hombres-masa u hombres-colectivos», parecen no ser lo mismo: o se es masa de cierto conformismo o se es colectividad consciente y crítica de cierto conformismo. Así el pensar colectivo puede comportarse disgregado y ocasional, alienado de las realidades concretas y sumiso a los intereses de ciertos agrupamientos sociales hegemónicos. O bien, lo que Gramsci nos propone como alternativa de salida ante la sumisión: «Criticar la propia concepción del mundo significa, pues, hacerla unitaria y coherente y elevarla hasta el punto al que ha llegado el pensamiento mundial más avanzado. Significa también, por tanto, criticar toda la filosofía que ha existido hasta ahora, en la medida en que esta ha dejado estratificaciones consolidadas en la filosofía popular.»[4]

Es por ello que la concepción del mundo de la cual somos parte estará siempre compuesta de elementos sociales e históricos que nos agrupan y nos tienden a producir cultura y sentido común. Pese a que se nos presente a la individualidad como antagonista de la colectividad, el primer elemento en su propia existencia necesita contagiarse del segundo para existir.

Esta propuesta del sardo nos impulsa a asumir y elaborar nuestra concepción del mundo, nos exhorta a adoptar una decisión consciente y hacerla propia, escogiendo nuestra esfera de actividad y participando desde ahí en la elaboración de la historia del mundo, haciendo de la propia biografía, historia. Como consecuencia, ello nos lleva a pasar de la voluntad individual que somos a integrarnos en voluntad colectiva consciente, y pasar de una revisión crítica individual de nuestra concepción del mundo a una revisión crítica colectiva. De esta manera, la pregunta que hace Gramsci, y que hemos citado antes, está ahora dirigida a un organismo colectivo.

II. Acerca del «sentido común»

En Marx se encuentra a menudo cierta atención al sentido común y la solidez de sus creencias. Pero no se trata de una referencia a la validez del contenido de tales creencias sino precisamente a la robustez formal de estas, y por lo tanto a su carácter imperativo cuando producen normas de conducta. De hecho, en las referencias se halla también implícita la afirmación de la necesidad de nuevas creencias populares, esto es, de un nuevo sentido común y por lo tanto de una nueva cultura y de una nueva filosofía, que arraiguen en la conciencia popular con la misma fuerza y carácter imperativo que las creencias tradicionales.[5]

Para Gramsci, la filosofía espontánea de cualquier individuo, cuando es inconsciente y, por eso mismo, caótica y abigarrada, es propia del sentido común. Es decir, de ese cúmulo de ideas, nociones, costumbres y hasta comportamientos que adoptamos como algo original, pero, en definitiva, es la sociedad en la cual se vive, y sus supuestos hegemónicos, los que nos la han impuesto.

Por otra parte, comprende que el buen sentido es el resultado del ordenamiento del sentido común, siendo este, posible de ser activo o pasivo en lo que respecta al transcurso de su propia historia. Cabe mencionar que no existe un solo sentido común, ni puede ser entendido este de modo homogéneo, ya que cada agrupamiento social posee el suyo propio al que adherimos compartiendo ciertos aspectos tanto de nuestro modo de actuar como de pensar.

Así es como Gramsci a través de sus argumentos no sólo arrebata de los olimpos del conocimiento humano el quehacer filosófico, sino que además lo pone en tensión y valida su accionar en el terreno enmarañado del sentido común, buscando develar cómo la ideología dominante se vuelve hegemónica, pero también cómo es posible que, desde aquí, se pueda confeccionar un buen sentido que consiga empatar con la filosofía de la praxis, volviéndose esta hegemónica.

Crear una nueva cultura no solamente significa realizar individualmente descubrimientos «originales»; también significa, especialmente, difundir críticamente verdades ya descubiertas, «sociabilizarlas» por así decir, y por tanto hacer que se conviertan en base para acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral. Que una masa de hombres sea vea llevada a pensar coherentemente y en forma unitaria el presente real es un hecho «filosófico» mucho más importante y «original» que el hallazgo de una nueva verdad por parte de un «genio» filosófico, que acabará siendo patrimonio de pequeños grupos intelectuales.[6]

III. La Filosofía de la praxis como un momento de la cultura moderna

Filosofía de la praxis es un concepto acuñado por un solitario Antonio Labriola a comienzos de los novecentos, y que lo utiliza para destacar la independencia y originalidad de la filosofía inaugurada con los planteamientos de Marx. Gramsci desempolva –como si fuese un arqueólogo– este concepto, buscando profundizar en esta posición y reivindicar a esta filosofía como útil para las transformaciones y el mejoramiento de las condiciones humanas de existencia. Lo va a emplear, por lo tanto, para referirse a una determinada concepción del mundo que la considera como un momento muy importante y significativo de la cultura moderna.

La filosofía de la praxis ha sido un momento de la cultura moderna; en cierta medida ha determinado y fecundado algunas de sus corrientes. (…) La filosofía de la praxis presupone todo este pasado cultural, el Renacimiento y la Reforma, la filosofía alemana y la revolución francesa, el calvinismo y la economía clásica inglesa, el liberalismo laico y el historicismo que está en la base de toda la concepción moderna de la vida. La filosofía de la praxis es la coronación de todo este movimiento de reforma intelectual y moral, dialectizado en el contraste entre cultura popular y alta cultura. Corresponde al nexo Reforma protestante + Revolución francesa: es una filosofía que es también una política y una política que es también una filosofía. (…)La afirmación de que la filosofía de la praxis es una concepción nueva, independiente y original, aun siendo un momento del desarrollo histórico mundial, es la afirmación de la independencia y originalidad de una nueva cultura en incubación que se desarrollará con el desarrollo de las relaciones sociales.[7]

Gramsci nos presenta así a la Filosofía de la praxis como aquella concepción del mundo que incuba una nueva cultura, por lo que resulta ser la superación dialéctica de todo el pensamiento moderno; que considera la realidad social como una totalidad concreta, en donde todos los aspectos desmenuzados de nuestras vidas son a la vez partes de un todo coherente y orgánico, constituyendo pues un error grave todo intento de separar al ser humano de la naturaleza, al sujeto del objeto, a la actividad de la materia y al ser del pensar y del hacer, en definitiva, a la teoría de la práctica, quedando obsoleto el dualismo racionalista binario y siendo superado por la praxis.

(…) «materialismo histórico», o sea actividad del hombre (historia) en concreto, esto es, aplicada a cierta «materia» organizada (fuerzas materiales de producción), a la «naturaleza» transformada por el hombre. Filosofía de la acción (praxis), pero no de la «acción pura», sino precisamente de la acción «impura», o sea real en el sentido profano de la palabra.[8]

Praxis, es así la actividad práctica de la historia concreta. La creación humana ontocreadora de nuestra realidad social, entendiendo que la historia es un proceso práctico donde la existencia humana la transforma y la produce, es decir, es producto y productividad a la vez.

Si en el perenne fluir de los acontecimientos es necesario fijar conceptos sin los cuales la realidad no podría ser comprenderse, también es necesario, y de hecho es imprescindible, fijar y recordar que realidad en movimiento y concepto de la realidad, si lógicamente pueden ser distintos, históricamente deben concebirse como unidad inseparable.[9]

Si los fenómenos o hechos sociales que estudiamos de la realidad se mueven, a los conceptos con los que se definen tendría que sucederle lo mismo. Dilema que resulta complejo, considerando que en la naturaleza del concepto está implícita su inmovilidad y es mediante ellos que asimos una realidad social en perpetua transformación. Valdría la pena preguntarse entonces, ¿por cuánto tiempo resulta posible fijar la realidad conceptualmente?, considerando esta como una de las mayores dificultades del trabajo teórico.

Buscando resolver esta problemática, es que Gramsci emplea la dialéctica como método para concebir el mundo y reflexionar, donde la relación es la que constituye a los conceptos sin constituirse estos a priori, quedando condicionados sus contenidos y orientaciones a la forma y circunstancias reales en cómo se relacionan los términos.

(…) De otro modo ocurre lo que le ocurre a Croce; que la historia deviene historia formal, historia de conceptos, y en última instancia historia de los intelectuales, y de hecho historia autobiográfica del pensamiento de Croce, una historia de moscas cocheras.[10]

Todo es político, también la filosofía o las filosofías, y la verdadera filosofía es la historia en acto, es decir la vida misma. Existe, por lo tanto, un vínculo dialéctico entre historia y filosofía, un estrecho nexo entre teoría y práctica, entre teoría y acción política, unidad que hace de la política la verdadera filosofía, que es teoría y práctica al mismo tiempo, que no se limita a interpretar el mundo, sino que lo transforma con la acción, es la necesidad de pasar de la filosofía especulativa a la política, entendida esta como acción transformadora.

De esta manera, podemos plantear que el momento culminante de la política vista de este modo es la revolución, la creación de un nuevo Estado, de un nuevo poder y de una nueva sociedad. Este estrecho vínculo orgánico entre la política y la filosofía hace que el momento culminante de la filosofía sea la política transformadora, y que el o la filósofa sea político o política en su calidad transformadora.

La apuesta que Gramsci nos propone consiste, pues, en ser conscientes de nuestra realidad social con actitud crítica ante lo que conocemos y con una concepción dialéctica del mundo y su comportamiento histórico, una teoría-concepción en proceso que se va adecuando continuamente de acuerdo al movimiento histórico de la realidad misma y que, por tanto, no es posible de reducir a un manual como pueden serlo aquellas concepciones que ya hayan agotado su posibilidad de elaboración en el tiempo.

Se trata de una concepción del mundo que reivindica el valor filosófico del hacer, del transformar, de la construcción de una nueva sociedad, de una nueva estructura económica, de una nueva organización política y también de una nueva orientación teórica, ideológica, moral y cultural. Aplica en la práctica, por lo tanto, las tesis de su filosofía, supera aquellas contradicciones filosóficas que no pueden ser resueltas en el plano del pensamiento especulativo, pero que en cambio sí pueden serlo en una nueva sociedad.

IV. Filosofía de la praxis: Concepción del mundo para una praxis revolucionaria

Antonio Gramsci fue un militante y dirigente del PCdI, que en ese entonces se proponía un programa revolucionario como proyecto político para la construcción de una nueva sociedad anclada a su realidad. Participó de manera entusiasta en los acontecimientos conocidos como el bienio rosso, volviéndose años después en destacado dirigente de la Internacional Comunista.

Su dedicación al oficio de la militancia revolucionaria fue prácticamente exclusiva, su vida personal, sus vínculos sociales, amores y desamores, lecturas, incluso los lugares que conoció y los sucesos que le acontecieron estuvieron marcados por su opción convicta y confesa, por un modo de vida hacedor de revoluciones, un intelectual orgánico en su quehacer.

Asimismo,

como sucede con la praxis, resulta imposible separar en la vida y obra de Gramsci su elaboración teórica con su quehacer práctico. Son indisolubles y se explican mutuamente.

Así lo confirma tempranamente en sus escritos, cuando en septiembre de 1919, a la edad de veintiocho años, Gramsci redacta el artículo «El desarrollo de la revolución», en el cual sostiene que «la revolución no es un acto taumatúrgico, es un proceso dialéctico de desarrollo histórico».[11]

Distanciándose de las tendencias fatalistas o mecanicistas de las lecturas de Marx, el joven sardo reivindica el carácter esencial de las revoluciones como procesos propios del desarrollo de la historia, y su carácter dialéctico de la realidad concreta; asume que estas son realizadas por mujeres y hombres a través de su praxis en el marco de la lucha histórica entre clases sociales.

Esta se consigue en la medida en que los grupos subalternos, explotados, oprimidos y dominados, en búsqueda de su emancipación, obtienen una autoconsciencia de su condición histórica y adoptan la decisión de organizarse para transformar su situación.

De esta forma, Antonio Gramsci, en su calidad de revolucionario y pese a escribir sus reflexiones siendo prisionero político del régimen fascista, nos propone en sus denominados Cuadernos de la Cárcel no sólo cómo concebir el mundo de manera unitaria y coherente sino también, y fundamentalmente, cómo transformarlo.

Notas:

[1] Gramsci, A.: Cuadernos de la Cárcel, Segundo volumen, Cuadernos 6–11 (1930–1935), Ediciones AKAL, Madrid, 2023. (Traducción y notas de Antonio J. Antón Fernández. Introducciones e itinerarios de lectura a cargo de Anxo Garrido). Q n°11, p. 630.

[2] Gramsci, A.: ob. cit.

[3] Gramsci, A.: ob. cit., pp. 630 y 631.

[4] Ibíd., p. 631.

[5] Gramsci, A.: ob. cit., p. 650.

[6] Gramsci, A.: ob. cit., p. 632.

[7] Gramsci, A.: Cuadernos de la Cárcel, Editorial ERA, México D.F., 1981. (Edición crítica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana). Q 16, pp. 259, 264–266.

[8] Gramsci, A.: Cuadernos de la Cárcel, Editorial ERA, México D. F., 1981. (Edición crítica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana). Q n°4, p. 167.

[9] Gramsci, A.: Cuadernos de la Cárcel, Segundo volumen, Cuadernos 6–11 (1930–1935), Ediciones AKAL, Madrid, 2023. (Traducción y notas de Antonio J. Antón Fernández. Introducciones e itinerarios de lectura a cargo de Anxo Garrido). Q n°10, p. 522.

[10] Ídem.

[11] Gramsci, A.: «El desarrollo de la revolución», en Valentino Gerratana, Antonio Santucci (eds.), L’Ordine Nuovo 1919–1920, Torino, Einaudi, 1987, p. 207.

Fuente: https://medium.com/la-tiza/la-filosof%C3%ADa-de-la-praxis-como-concepci%C3%B3n-del-mundo-intelectual-y-callejera-e96425c0bbf3

jueves, 28 de noviembre de 2024

LLAMAMIENTO



A los partidos políticos, movimientos sociales y populares, fuerzas progresistas y de izquierda y movimiento mundial de solidaridad con Cuba,

A amigos de Cuba en el mundo en general,

Desde la anterior administración del presidente Donald Trump se han arreciado, sin precedentes, las medidas del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto desde 1962 por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba. Con la aplicación de más de 240 medidas, del capítulo III de la Ley Helms Burton y su creciente extraterritorialidad, a lo que se sumó la férrea campaña de desinformación y promoción de la desestabilización interna, pretenden revertir nuestro proceso revolucionario.

Como consecuencia de esta criminal y genocida política, el pueblo cubano ha sufrido sensibles afectaciones en su vida cotidiana; lo que se ha profundizado a partir del impacto de la crisis energética experimentada por nuestro país, debido a la persecución financiera, la imposibilidad de adquirir combustibles, piezas e insumos para el mantenimiento de nuestro sistema electroenergético nacional. Los graves daños ocasionados a nuestra economía por esta nueva contingencia, se han visto doblemente reforzados por la ocurrencia de eventos climatológicos como los huracanes Oscar y Rafael, así como dos terremotos de gran magnitud, en menos de 15 días.

Pese a la difícil situación configurada, el pueblo cubano, junto a su partido y gobierno resisten estoicamente, donde la solidaridad y la resiliencia han prevalecido junto a nuestra perseverancia por recuperar y continuar la construcción de una sociedad más justa, humana y solidaria. En este empeño, nos dirigimos a ustedes una vez más para recabar el máximo de sus esfuerzos solidarios en los ámbitos político, económico y material.

Cuba no claudicará jamás y esperamos contar con el acompañamiento y apoyo de todos los amigos para unidos a nuestro pueblo, continuar la lucha por un mundo mejor que sí es posible. La solidaridad no se puede bloquear.

“Quien se levanta hoy por Cuba, se levanta para todos los tiempos”

José Martí

¡Venceremos!

lunes, 25 de noviembre de 2024

Llegó el comandante y mandó a parar

Sin duda en mi piño las reuniones grandes donde nos podamos encontrar todos a discutir no son muy frecuentes,  y no por falta de democracia revolucionaria por el contrario. Pero esa vez era necesario resolver temas importantes de nuestra política para el periodo. Asi fue como me llegó el punto y la señal para acudir. Era el único que asistiría en representación de mi lote así que le puse weno a la puntualidad y todo lo que conlleva el ritual de asistir a este tipo de encuentros.

Rápidamente al llegar al local los compás que les tocó organizar me ingresan raudo a una pieza y ahí a esperar que llegue el resto de compañeras y compañeros de los distintos rincones del pais que asistirían. Como las medidas de seguridad lo exigen me tocaba una pieza en que habían otras minihabitaciones echas de nylon negro para evitar vernos sin capucha, así fue que saque mi ejemplar de la historia me absolvera y me puse a leer pa matar el tiempo quedándome rapidamente dormido hasta que a la mañana siguiente me despiertan, menos mal no me tocó guardia así que desperté como tuna, ahí me ordenan ponerme la capucha porque entraría otro compañero, una vez adentro de mi estrecha habitación, el recien llegado saca un cigarro y me pide permiso pa prenderlo, le digo que nos habían prohibido fumar en las habitaciones y me responde que no importaba que quería fumar no más, que estaba golpeado por algo que escucho de viaje al ampliado, pero por venir sin teléfono no pudo confirmar.

Ahí me dejo con la intriga y con la sensación de indisciplina al no poder impedir que fumara en ese reducido espacio, luego me dejó entrever que lo que había escuchado era que había muerto Fidel. Yo miro inmediatamente mi cuadernillo de Fidel y le digo que me esta webiando. En eso se pone más serio y saca un cigarro todo arrugado de su calcetín. (Linda forma de entrar cigarros de contrabando a las reuniones) y me lo estrecha, ahora sin dudas lo prendo, y me sumo a la ola de indiscplina desatada en ese estrecho habitáculo compuesto de nylon negro y una cama.

Ahi estábamos sentados dos tristes militantes a la espera de que comience la reunión. 

Una vez que entramos a la sala mayor la foto de Fidel que se proyectaba en el data me daba la confirmación, en eso me recorre un escalofrío y diviso un montón de ojos llorosos detrás de esas poleras y pañoletas que cubrían los rostros de decenas de compañeras y compañeros pobladores que se acababan de enterar al igual que yo de la triste noticia. Vaya manera de comenzar el trabajo político aquella mañana del 25 de noviembre, pero ahí estuvimos poniéndole el hombro gritando a los cuatro vientos que nada está perdido mientras sigamos luchando, cerrando esa jornada con un categórico ¡HASTA LA VICTORIA FIDEL!




martes, 5 de noviembre de 2024

Pablo Vergara Toledo: Profeta de la revolución

 

Compartimos la "ENTREVISTA QUE NUNCA FUE", fragmentos de cartas de Pablo Vergara Toledo, compiladas por Francisco Miranda.

PABLO VERGARA profeta de la revolución chilena, rojinegro de hechura y popular hasta la médula.

Que lo disfruten y les sea útil para la necesaria y floreciente conspiración revolucionaria y anticapitalista.

lunes, 21 de octubre de 2024

PREFIERO FERNÁNDEZ, OSVALDO FERNÁNDEZ DÍAZ


En la madrugada del veinte de octubre de este año dos mil veinticuatro se ha desvanecido en el aire, definitivamente, la mirada y la voz de un hombre que pensaba. Es decir que usaba su cabeza para algo más que para llevar su jockey. 

Un hombre que no solamente pensaba como una obligación ética, sino que pensaba por amor al pensamiento crítico, al pensamiento independiente y "busquilla". El pensamiento que nos libera de las cadenas que nos atan al pensamiento ya hecho, ya modelado y "explícalo-todo" que nos hace cómodamente sentarnos a esperar a que otros y otras piensen por nosotros y nosotras. Y luego nosotros y nosotras hagamos solo el ejercicio de interpretar lo ya pensado.

Antonio Gramsci y José Carlos Mariátegui estaban entre sus maestros y antecesores. Y eso mostraba en sus clases de filosofía en la Universidad de Chile, sede Valparaíso, en los años setentas. Militaba en el Partido Comunista desde muy joven, desde que era alumno del Liceo Eduardo de la Barra. Tuvo que salir al exilio durante la dictadura cívica-militar. Se doctoró en Historia en la Universidad de París. Regresó a Chile para fundar el Centro de Estudios de Pensamiento Iberoamericano (CEPIB) en la Universidad de Valparaíso (Ex Universidad de Chile, sede Valparaíso). 

Así nos pedía pensar por nosotros y nosotras para hacer del marxismo un instrumento de análisis que no fuese una aplicación mecánica de un pensamiento generado en otra época y en otra realidad, sino un pensamiento propio para aplicarlo  a nuestra realidad, en búsqueda de la creación de un "marxismo latinoamericano" libre de dogmas y profesiones de fe.

Lo conocí en París a comienzos de los años ochenta. Le había gustado un poema mío aparecido en la Revista Araucaria. Le regalé mi primer libro de poemas. Me hizo un comentario que me marcó para siempre. Me dijo tu poesía va metiendo a quien te lee en muy pocos frases, en un mundo, en una cotidianidad, que me recuerda a Julio Cortázar. Me mató Fernández porque Julio Cortázar, era uno de mis más queridos y admirados maestros. El poema que le había gustado (aún lo recuerdo) era el siguiente:


Lunes    

  a Cecilia


                                                  Por ejemplo

                                                   la ilusión de recibir una carta

                                                   darse vueltas por la fétida cocina

                                                    poniendo la tetera

                                                     secando unas cucharitas

                                                      abrir la ventana

                                                      poner la azúcar y el café y no mirar la escalera

                                                       guardando la ilusión

                                                       que allí haya una carta.


Recuerdo que esta conversación la tuvimos en un en un restaurant parisino de almuerzos de mediodía para oficinistas y estudiantes . Fernández me había invitado a ese lugar en particular por una situación que quería mostrarme. Ocurría que los manteles eran grandes pliegos de papel blanco. Cuando se retiraban los comensales, se retiraba el "mantel" y se suplía por otro nuevo. Pero lo particular ocurría cuando se pedía la cuenta. El garzón venía y sacaba la cuenta anotando lo consumido en el mantel al revés de él y al derecho del consumidor. Luego hacía la suma al revés. mirando los números al revés y anotando el resultado al revés (todo esto muy rápido). Fernández reía como un niño. Pude apreciar que el filósofo y profesor de sesudos temas filosóficos también era un niño.

 A mediados de los ochentas hicimos una Conferencia Ideológica para la militancia de Gran Bretaña e Irlanda del Partido Comunista. El Comité Central del Partido envió al compañero Fernández a atender la reunión. De los grandes temas relacionados con los principios del marxismo-leninismo y los peligrosos rumbos que estaba tomando el eurocomunismo caímos más temprano que tarde en cuestiones locales que llevaban a peleas internas y descalificaciones. Allí Fernández mostró toda su pericia de ducho dirigente comunista ayudándonos a enfocarnos en los temas principales y no en los detalles menores que nos dividían.

Luego de esa reunión de 1985 lo volví a ver el año 2023. Habían pasado 38 años desde esa lejana tarde en que nos despedimos en la sala de conferencias  que pertenecía al edificio donde muchos años antes otro comunista exiliado, tenía su oficina e imprimía un periódico clandestino que enviaba clandestinamente a su país. El diario era ISKRA y el comunista era un ruso que se llamaba Vladimir Ilich Lenin. En mejor compañía imposible.

El año 2023 fuimos con mi compañera y nuestra hija a ver a Fernández. Entramos en el departamento del noveno piso de calle General Cruz de Valparaíso. Abracé a Fernández. Conversamos. Esa conversación inspiró el poema que adjunto a esta nota Un hombre se desvanece en el aire.

Lo volvimos a visitar a Fernández a mediados de este año. Conversamos sobre el Partido. Me contó historias de cuando venían camaradas peruanos como superiores jerárquicos a llamarle la atención a los viejos del partido chileno por estarse alejando del dogma. La luz entraba a raudales en el dormitorio de Fernández. Y Fernández de a poco comenzaba a desvanecerse.

"Lo político forma parte de nuestro estar en el mundo. Para mi, pensar es pensar con los otros y pensar en los otros. Reflexionar críticamente acerca del mundo en que hemos sido lanzados" Osvaldo Fernández Díaz.

Escrito de Mauricio Redolés

miércoles, 17 de julio de 2024

José Martí: El autor intelectual del asalto al cuartel Moncada



“...si no hubiéramos conocido en los libros la teoría política de Marx y si no hubiéramos estado inspirados en Martí, en Marx y en Lenin, no habríamos podido ni siquiera concebir la idea de una revolución en Cuba, porque con un grupo de hombres ninguno de los cuales pasó por una academia militar no puede usted hacer una guerra contra un ejército bien organizado, bien armado e instruido militarmente: y obtener la victoria partiendo prácticamente de cero…” Fidel Castro

 

Por Guille
Editorial Popular La Pajarilla.

 José Julián Martí Pérez surge a la vida en la Habana, un 28 de enero de 1853. El contexto epocal del momento es de cambio, de convulsión, en nuestra América corren los vientos independentistas, son los años posteriores a Simón Bolívar, José de San Martín, del ejército libertador roncando por el sur del continente. Desde inicios del siglo XIX, la América Latina hervía de nacientes repúblicas y escaramuzas de reconquista. Sin embargo, la mayor de las Antillas se había convertido en el reducto del colonialismo español, un imperio en decadencia que se sostenía gracias a la industria azucarera y el trabajo de esclavos en la isla. Hacia 1872 sobre un total de 700 mil habitantes, 286.942 eran esclavos y 106.949 negros libres.[1]

    En esa Habana, por el año 1864, el poeta e intelectual cubano Rafael Mendive, ha solicitado adjudicarse la dirección de la Escuela de Instrucción Primaria Superior Municipal de Varones de La Habana, al año siguiente en 1965, José Martí hace ingreso a ese establecimiento a la edad de 12 años, destacándose en todas las áreas del saber. Mendive era un patriota cubano, en su hogar -donde funcionaba también la escuela- se realizaban tertulias y encuentros, se presentaban personas distinguidas en letras y en ciencias con el único y especial objeto de leer, estudiar y discutir las cuestiones más interesantes[2]. La escuela se trataba de una luz en la opacidad colonial, lugar de recreación del patriotismo y la cubanidad.

    En 1868 en toda Cuba se escucha el grito de Yara, los mambises comandados por Carlos Manuel Céspedes daban inicio a la insurrección por la independencia. En La Habana se seguía con expectativa los sucesos, y en la escuela de Mendive no serían ajenos a tales acontecimientos. La inquietud era generalizada, las noticias iban y venían, tampoco serían indolentes con la sangre de los insurrectos derramada por la represión bastarda. Un pasquín colonialista publicaría: cuatro gatos ilusos y mal armados han dado el grito de rebelión en Yara[3]. En este escenario, Martí se inicia en la escritura y le consagra su vida a la patria. Entre sus primeros versos se encuentra el poema Abdala de 1869:

 

Conquistador infame: ya la hora

De tu muerte sonó: ni la amenaza,

Ni el esfuerzo y valor de tus guerreros

Será muro bastante a nuestra audacia.

[...]

“¡Nubia venció! muero feliz: la muerte

Poco me importa, pues logré salvarla…

¡Oh! ¡qué dulce es morir cuando se muere

Luchando audaz por defender la patria!

viernes, 3 de mayo de 2024

Nuestro LENIN: hacedor de revoluciones y poder popular



¿Hay una vigencia posible para Lenin en este siglo?

Osvaldo Fernández Díaz

El leninismo, enfermedad infantil del marxismo

 Hay que bajar a Lenin del pedestal estatuario en que lo ha inmovilizado el “leninismo”. Para ello bien vale una anécdota que parodia la historia de la URSS:

Un tren va de Moscú a la Manchuria. A medio camino, los rusos blancos y los bandidos destruyen la vía férrea. Lenin, que va dirigiendo el tren, se baja, se quita la chaqueta, se arremanga e invita a los pasajeros a hacer un trabajo voluntario para recomponer las vías. Ahí termina el primer capítulo. Sigue el tren, pero ahora como jefe va Stalin. Como de nuevo sabotean la línea, Stalin desciende, hace que fusilen a la mitad de los pasajeros por cómplices, y obliguen a los otros a hacer trabajos forzados. Fin del segundo capítulo. De nuevo el tren es saboteado, pero ahora es Nikita Jrushchov el que dirige. Este mira la situación y dice, muy fácil, saquen las líneas de atrás y las ponen por delante, hagan avanzar el tren y repitan la operación. Fin del tercer capítulo. Pero queda un cuarto tramo en donde el jefe es Leonid Brézhnev, quien hace bajar a los conductores, les informa de lo que ha pasado con las vías férreas, y les pide que cierren las ventanas del tren bajen las cortinas, y sin que se den cuenta los pasajeros muevan el tren para que los de dentro crean que están avanzando1.

Esta es una muy buena parodia de la historia de la URSS, que retrata lo que significó cada uno de estos dirigentes, y que el momento más auténtico de esa historia fue cuando Lenin era el jefe de la revolución rusa.

La caída de la URSS, o lo que podemos llamar la implosión de la URSS, porque nadie la derribó, sino un movimiento interno de autodestrucción, una especie de “basta ya” implicó el agotamiento de una equivocada experiencia socialista, desde Stalin, que instala como norma de vida, a nivel del Partido y del Estado, la sospecha. Su caída arrastró consigo y comprometió las figuras de Marx y Lenin. Pero no solo en ese final grotesco, sino de mucho antes, desde el momento cuando Stalin toma la batuta, y transforma todo el aporte teórico político que habían aportado Marx y Lenin. Los jibariza y rebaja en ese engendro catequístico que fue el “marxismo-leninismo”, consagrado por los manuales soviéticos, que tanto daño han causado a los estudios sobre Marx y sobre Lenin, llegando al extremo de provocar una paralización total del pensamiento marxista.

Karl Marx se recuperó rápido de aquella situación, dando lugar a un real conocimiento de su obra, sin exclusiones, a partir de fines el siglo veinte. En efecto, en 1989 en la ciudad francesa de Aix en Provence, un grupo de investigadores y de casas editoras se reunieron a debatir sobre la mejor manera de seguir publicando la MEGA2 como continuación de los 45 volúmenes que ya habían sido editados desde los años sesenta del siglo XX. Por otra parte, en lo que involucra el conocimiento de El Capital, los primeros que, a comienzos del siglo XXI, volvieron sus ojos a esta obra de Marx, fueron los banqueros de Wall Street, preocupados, por las crisis cíclicas del capitalismo, que recomenzaban, ahora con la crisis inmobiliaria mundial del 2007 2008.

 Esto en lo que se refiere a Marx, pero Lenin quedó arrinconado, y catalogado como culpable de todo. Del “leninismo”, de los manuales de “marxismo-leninismo” de las borracheras de Boris Yeltsin y de situaciones catastróficas como la de Chernobyl.

 No ha habido, entonces, un regreso fluido de Lenin. Sus estatuas fueron literalmente derribadas a medida que desaparecía la URSS. Mientras la MEGA comenzó a editarse de nuevo, la obra de Lenin es casi un mal recuerdo y su figura quedó hundida en la debacle. Salvo algunos trabajos de Zizek, los que lo recuerdan, son en general, o las viudas del estalinismo o, lo que es igual, los nostálgicos del “marxismo -leninismo” (o digámoslo como Stalin lo proyectó ´: marxismo – leninismo; estalinismo –estalinismo)3. Creo, entonces, que cabe volver a preguntarnos, dada la situación, si hay una vigencia contemporánea posible para Lenin. Si no es una figura histórica más, que se quedó en el pasado o, como se dice, en el polvo de la historia.

 Lo que sigue es un intento por responder a esa pregunta. El “leninismo” supone una doctrina o/y una filosofía de Lenin, válida para todo tiempo y lugar, sin anclaje histórico terrestre. ¿Qué implica esto? Lo mismo que implicó con el marxismo. El manual de marxismo-leninismo transformó el pensamiento histórico y coyuntural de Lenin, a una doctrina universal válida para “todo tiempo y lugar” a la cual uno debe adherir religiosa y no críticamente. Se habla, por ejemplo, de las leyes leninistas de la revolución, sin parar mientes, en que Lenin hizo una revolución, y no escribió un tratado acerca de las leyes infalibles de la revolución.

 En esto cabe coincidir con el poeta–maquisard francés, René Char4, para quien toda revolución, en tanto “acto”, es siempre virgen”, y por lo tanto irrepetible.

 Por otra parte, se habla a la saciedad de formas y normas leninistas para hacer cualquier cosa. Frase que funciona tan mecánicamente como la consabida, “si Dios quiere”. Si algo sale bien, es porque se aplicaron correctamente las normas leninistas. ¿En qué queda, entonces, me pregunto, el protagonismo del sujeto histórico que no se agota en repetir, sino que hace, o debe actuar creativamente, como la historia, siempre esquiva, obligará a los comunistas?

 Al respecto, sabemos que Lenin no aplicó, para hacer la revolución en la Rusia zarista, las leyes marxistas de la revolución preconizadas por la segunda internacional, sino al revés . Creó, en cambio, su propio camino. Esto es lo que explica el mismo en ¿Quiénes son los amigos del pueblo?

 Nos habíamos hecho la pregunta acerca de si había para Lenin una vigencia posible, ahora, después de los cien años de su muerte, y después de la caída del socialismo que forjará en 1917 con la Revolución rusa, pero que se agota muy pronto después de su muerte en 1924, con la aparición de Stalin, uno de los primeros monstruos que inaugura el siglo XX, de que hablaba Antonio Gramsci. Para comenzar a responder la pregunta por la vigencia posible, digamos que Lenin, como lo fuera antes de él, Karl Marx, y después Antonio Gramsci, representan nítidos momentos históricos de la cultura política, no solo europea, sino mundial. Sin ellos no podemos entender nada del mundo al que hemos sido arrojados. Tanto Vladímir Ilích Uliánov, como Antonio Gramsci, y como también nuestro José Carlos Mariátegui, son parte esencial de la respuesta revolucionaria a la inhumana catástrofe que fue la Primera Guerra Mundial, la que, (digámoslo como, la llamaron los franceses, con la vana esperanza de que fuera, la última en su género, “la derniere de la derniere” o la “der de der”, o sea la última de la última). Ese balde de agua fría que interrumpió el sueño dogmático del positivismo, que conmovió hasta los cimientos tanto las ilusiones como los mitos (razón, ciencia y progreso) que la triunfante burguesía decimonónica se había forjado para su satisfacción.

 Todo eso se desvanece de pronto en el aire, abriendo paso a ese interregno, que queda después de la debacle. Un vacío o una nada, que como lo dice Antonio Gramsci, es el momento más propicio para que aparezcan los monstruos (en 1922 Mussolini, en 1924 Stalin y en 1933 Hitler, y no solo ellos, sino consigo el fascismo, el estalinismo y el nazismo).

 Para comenzar a responder la pregunta digamos que no podemos pensar serenamente este siglo XXI, que nos ha tocado vivir, un siglo que a poco andar comienza a ser embargado por profundas, contradicciones, producto del choque entre imperialismos que lo caracterizan, (EUU, Rusia, y China) y que para entenderlo nada mejor y actual que El imperialismo, fase superior del capitalismo de Lenin.

 ¡A leer a Lenin! ¡Los manuales de marxismo-leninismo-estalinismo a la basura!

 A modo de conclusión

 Como lo ilustra la anécdota histórica acerca del tren que va a Manchuria y que parodia la historia de la Revolución rusa. Esta revolución y la experiencia de socialismo que entonces se produjo, se interrumpió con la muerte de Lenin. Lo que siguió, con lo cual me crie políticamente hablando, era ya, más bien, una fantasmagoría que todos y hasta los yanquis se la creyeron, y que simplemente era el camino más largo que inauguró Stalin para llegar al imperialismo de Putin.

 De esto se desprenden dos consideraciones: de toda esta trágica experiencia

 La primera, con respecto a la palabra socialismo, que los comunistas de hoy no nos atrevemos mucho a pronunciar, no era el socialismo, sino el “socialismo real”, un engendro que empezó con Stalin y terminó con Gorbachov.

 Lo segundo, que, la palabra y la idea de socialismo salen indemne, abierta y dispuestas, para superar el capitalismo. Pues, la verdadera experiencia del socialismo corresponde exclusivamente a lo que se hizo durante esos ocho años, en que Lenin fue el dirigente máximo de la URSS. Luego, es esta la experiencia socialista que cabe estudiar, y solo, lo podemos hacer estudiando a Lenin.

Notas

1 Este chiste soviético, no ruso, en Moscú se fabricaban muy buenos chistes anti-soviéticos, mejor quizás que los que trae la revista “condorito” aunque nuestro condorito trae también chiste geniales.

2 Sigla que en alemán, se traduce como las obras completas de Marx y Engels

3 Jorge del Prado secretario del PCP, defendiendo a Mariátegui escribió en la revista Dialéctica, en respuesta a Miroschevski, que el amauta era un “marxista – leninista – estalinista.

4 L’acte est vierge, meme répété”. René Char, poéta maquisard francés, (Fureur et mystère) 

Bibliografía

- Zizek, Slavoj, Repetir Lenin, AKAL, 2004

- Budgen, Sebastián, Kouvelakis, Zizek, Editores, Lenin reactivado. Hacia una política de la verdad, AKAL, 2010.


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