lunes, 18 de mayo de 2026

La hora de la resistencia: del orden muerto a la independencia definitiva


 Editorial de La Tizza

I.

Si algo valioso tiene el lenguaje de Donald Trump es que es desnudo. No se esconde en eufemismos ni se demora en circunloquios diplomáticos. Su amenaza de enviar un portaaviones a tomar Cuba una vez terminado el trabajo en Irán no es una hipérbole de campaña, ni una pieza más de su caótico estilo negociador, ni una broma de una improbable sobremesa imperial. Es la confesión textual de una política que nunca fue otra cosa que la preparación del golpe final.

Durante décadas, amplios sectores se debatieron anacrónicamente entre reformas sí y reformas no, entre concesiones tácticas y gestos de buena voluntad, entre la esperanza de una negociación razonable y el cálculo de cuánto ceder para que la bestia calmara su retórica. Trump ha destruido de un plumazo toda fe en ese supuesto escenario, y nos ayuda — hay que reconocerlo — a descorrer el velo de esa absurda hojarasca. Todos los que han creído con ingenuidad extrema en los últimos meses que era posible algún escenario razonable de negociación, salieron trasquilados. A Trump nunca le interesó negociar; solo ganar tiempo. Su lenguaje descarnado nos ha ahorrado el trabajo de la hermenéutica: ya no es necesario leer entre líneas; ahora podemos leer la cubierta de un buque de guerra.

Mientras menos tiempo perdamos tratando de desentrañar la dinámica alocada de sus idas y vueltas, intentando poner paréntesis entre su retórica y nuestra capacidad real de interlocución, o debatiéndonos obsesivamente en qué podemos conceder para modificar la política del enemigo hacia Cuba, menos tiempo estaremos regalándole a quien ya ha decidido. El único escenario posible y realista hoy es prepararse sin demora y con absoluta responsabilidad para una guerra asimétrica integral.

Cuba ha hecho todos los esfuerzos posibles para evitar la guerra, sin que alcanzar el silencio de los cañones implique hundirse en el cieno de la vergüenza.


II.

Pero la desnudez del lenguaje imperial revela algo aún más profundo y definitivo. No es que el presidente de turno desprecie el orden internacional; es que ese orden que supuestamente garantizaba condiciones mínimas de seguridad a países y pueblos ha muerto. Y algunos se empeñan — también dentro de nuestras filas — a seguirle midiendo los signos vitales a un cadáver que hace tiempo se pudre.

Cuba es miembro de los BRICS, signataria de la gran mayoría de los acuerdos que la inscriben dentro de la arquitectura global de Naciones Unidas, y ha desplegado durante décadas una ayuda humanitaria desinteresada al Sur Global que la hace acreedora moral de cualquier orden que pretenda llamarse civilizado. Y sin embargo, un portaaviones anunciado para tomar La Habana no provoca la convocatoria urgente del Consejo de Seguridad, ni sanciones preventivas, ni siquiera la amenaza creíble de un aislamiento diplomático multilateral. Provoca silencios. Provoca cálculos mezquinos de potencias que se creen a salvo. Provoca, en el mejor de los casos, comunicados tibios que nadie teme y que nadie cumplirá.

Habría que ir más lejos: lo que Trump hace no es decretar la defunción del sistema, sino desnudar la impudicia de su funcionamiento real. Lo que ha muerto no es el sistema, sino la precaria armonía entre sus partes fuertes. Junto a las vidas prescindibles de siempre, el hegemón clásico ha sacrificado también a los teloneros del sistema y a ese andamiaje llamado «orden internacional», porque ahora le estorban en su ofensiva geopolítica contra competidores que ya no son externos al capitalismo sino que emergen de su propio marco cultural, racional e ideológico. Cuando la competencia se planteaba contra lo que se percibía como «antisistémico» — aunque tal oposición fuese más imaginada que cierta, como terminó sucediendo en el caso de la URSS— , el sistema necesitó contrapesos, equilibrios, un telón de fondo para su hegemonía. Hoy, cuando el desafío se plantea en términos abiertamente intercapitalistas y proviene de potencias que han minado el pacto de Breton Woods — mediante el cual Washington emergió incuestionado urbi et orbi — , ese orden internacional se ha vuelto un obstáculo. Ocurre con el orden internacional lo mismo que con el liberalismo clásico: cuando la elasticidad del Estado dejó de ser útil para absorber la energía de las luchas y reivindicaciones populares, el capital gestó el Consenso de Washington y la recomposición neoliberal de las dictaduras latinoamericanas. La criatura sacrifica ahora el andamiaje de su autoría, por insuficiente.

Gastemos, entonces, menos tiempo en convocar la reacción de un orden ya muerto y empleemos todas las fuerzas posibles en construir uno nuevo a punta de fusil. Un orden donde la garantía de seguridad no sea un papel depositado en Ginebra, sino la certeza de que cada palmo de tierra será defendido, y de que esa defensa será el hecho fundante de una legalidad internacional insurgente, nacida de los cañones de la dignidad y no de las actas notariales del imperio o los chistes semanales delirantes de un poseso. Pero no es la locura el rasgo fundamental de Trump, sino un orden capitalista que necesitó darse tamaña arquitectura delirante para sostenerse a toda costa y a cualquier costo.


III.

Que nadie espere, sin embargo, un decimoséptimo Estado que venga a rescatarnos. La amarga realidad ha confirmado que la ayuda energética rusa fue una ventana temporal, colegiada y negociada con el propio imperio previamente. No existe hoy un bloque geopolítico con la voluntad real y la capacidad estructural de desobedecer a Washington y modificar la arquitectura de excepción impuesta sobre Cuba. Ese es el dato desnudo de nuestra soledad táctica, y asumirlo no es derrotismo: es el primer acto de la verdadera estrategia.

Pero hay un dato que Estados Unidos, Trump y su selecto grupo de fascistas en el poder intentan ignorar con la arrogancia de quien solo sabe leer kilotones y cabezas nucleares: la enorme lección de Irán y el Eje de la Resistencia, de las fuerzas movilizadas iraquíes, de los yemenitas que doblegaron la logística saudí, de Hezbolá que resiste los persistentes ataques de las tropas israelíes en el sur del Líbano, en medio incluso de — evitemos reírnos ante tal dramatismo de los hechos — un «alto del fuego» que como siempre solo cumplieron las víctimas. Esos pueblos no tenían portaaviones, ni un Consejo de Seguridad que los amparara, ni un bloque geopolítico que los salvase. Tienen una doctrina. Una auténtica y genuina pedagogía de la resistencia que el imperio nunca ha sabido descifrar.

El imperialismo puede capitalizar golpes «quirúrgicos», asesinar generales, destruir infraestructuras y administrar el espectáculo de su poder aéreo. Pero hay una variable que escapa a todos sus algoritmos: la resistencia de desgaste. La guerra asimétrica prolongada desangra presupuestos, quiebra consensos domésticos, devora mayorías parlamentarias y convierte cada victoria táctica en una derrota política. La resistencia es, ciertamente, más costosa en vidas y es infinitamente más eficaz políticamente que someterse para conservar una vida que, sin soberanía, ya no lo es o tiene mínimas garantías de serlo. Elegir la resistencia no es un acto de heroísmo suicida; es el cálculo racional de quien ha entendido que la vida bajo ocupación es una muerte diferida, y que la única moneda que el imperio respeta es el costo inaceptable que un pueblo está dispuesto a infligirle y asumir. No llegamos a este punto de la historia por poetas; una y otra vez, a las malas y a las malas, nos han obligado a escribir con sangre para soñar y tener patria, bandera, pueblo, «la tierra, el agua, el aire… el fuego».


IV.

La reciente orden ejecutiva firmada por Trump es la expresión material de ese nuevo estado de cosas. No se trata de una vuelta de tuerca más al bloqueo: es la formalización escrita de un estado de excepción total sobre Cuba. Cualquier gesto hacia la Isla, incluso el solidario o el humanitario, queda totalmente prohibido bajo su articulado.

Buscan precipitar el colapso interno por asfixia, sin testigos incómodos, sin cooperantes, sin alimentos, sin medicinas. Es la guerra por otros medios, codificada en lenguaje de decreto.

Para justificarla, el imperio mantiene un juego permanente de narrativa doble que merece ser desmontada con urgencia y precisión. Por un lado, «Cuba está a punto de caer», «es la próxima», «es un Estado fallido» que no requiere sino un empujón final. Por otro, Cuba es una «amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos», a tal punto que se le destina un portaaviones.

¿En qué quedamos? Si somos una amenaza capaz de infligir daños de semejante magnitud, ¿cómo es que estamos a punto de caer? Si estamos a punto de caer, ¿para qué necesitan un estado de excepción total y el despliegue de su poder naval?

La respuesta es simple: ninguna de las dos afirmaciones es verdadera. Son piezas intercambiables de una maquinaria de propaganda diseñada para justificar lo que no tiene justificación. Y nosotros… ¿Qué haremos? ¿Volvernos especialistas en discursos de fondo y subrepticios, no visibles?

Todo está en la superficie, quien no desee verlo, que no espere curar su presbicia con un portaviones a cien yardas de las costas de Cuba.

Pero tomemos en serio, por un instante, la lógica del adversario. Si Cuba, este primero de mayo, obligó a quinientas mil personas a marchar frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana en medio de esta crisis, si forzó a más de seis millones de cubanos a firmar una declaración contra las políticas del imperio, entonces estamos ante un régimen con un poder de coacción sobrehumano, capaz de movilizar voluntades en una escala que el propio imperio no puede igualar. Si ese poder es real, deberían pensarlo dos veces antes de atacar: ¿cómo lidiar con un país que controla de tal modo a su población?

Pero si, por el contrario, esas marchas y esas firmas no fueron producto de coacción alguna, si nacieron de un auténtico deseo de defender a Cuba más allá de cualquier amenaza, si fueron el gesto libre de una nación que no necesita ser obligada para defender lo suyo, entonces deberían pensarlo aún más. Porque lo que tienen enfrente no es un Estado fallido ni una población que los recibirá con flores, sino un pueblo cohesionado, dispuesto a resistir a cualquier costo y por cualquier medio.

En cualquiera de los dos casos, la conclusión es la misma: invadir Cuba sería el error más costoso y prolongado de la historia imperial norteamericana.

Y como dijo antes de morir nuestro Fernando Martínez Heredia: «Que se les ocurra a los americanos, como si es con un energúmeno de presidente; a nosotros nos da igual, lo mismo si es un tipo simpático que si es un energúmeno, los dos nos dan igual».


V.

Pero no hemos llegado hasta aquí por generación espontánea. El ataque a las Torres Gemelas fue el pretexto para la instalación del estado de excepción interno que se instauró con la Ley Patriota dentro de los Estados Unidos, rompiendo aquel pacto de no irrupción en las vidas privadas que supuestamente defiende el capitalismo. Ese orden de excepción fue trasladado luego al mundo con las guerras de Afganistán e Irak: dejó de importar cualquier marco jurídico. Las necesidades internas de un orden mundial definido y delimitado por Washington pasaron a ser lo esencial .

Trump no es una anomalía ni un accidente; es el producto del retorno de aquel proyecto neoconservador que quedó incompleto.

Pero no se engañe nadie, no habríamos llegado hasta aquí sin el episodio de Gaza. Allí, en aquel genocidio transmitido en directo, se inauguró este nuevo orden de excepción global. La comunidad internacional aceptó la comisión de un genocidio sobre vidas prescindibles, vidas matables sin consecuencia jurídica ni política.

No comprendimos en aquel momento que en Gaza no se estaba violando el derecho internacional; se estaba fundando un nuevo orden, uno donde la barbarie es pública, consentida y televisada. Y ese es el orden bajo el cual un portaaviones amenaza hoy a Cuba.

Irán es en esta época lo que fue el Ejército Soviético en la suya: el único poder con voluntad real de no ceder y de modificar contra el imperialismo la actual correlación de fuerzas. Pero la pregunta que arde en Nuestra América es otra: ¿dónde está el Eje de la Resistencia en América Latina? Es urgente constituirlo, y para ello las lógicas de Estado no nos van a servir de mucho. De ellas solo provienen llamados al diálogo, al respeto de un orden internacional muerto y la apelación a un multilateralismo que huele a muerte antes incluso de haber nacido.

La guerra en el Golfo Pérsico ha mostrado que en un escenario asimétrico es decisivo el control sobre vías y recursos estratégicos. Por tanto, es necesario advertir con toda claridad: todas las bases de Estados Unidos en América Latina se convertirán de facto en objetivos legítimos. Cada país del Caribe que preste su territorio para movimientos de tropas contra Cuba, o que deje libres sus vías navegables para el tránsito de portaaviones, o su espacio aéreo para el paso de aeronaves y drones norteamericanos, se colocará a sí mismo en el campo de batalla. Todas las bases en Florida y en el territorio costero norteamericano que puedan servir de abastecimiento serán también objetivos legítimos, así como las zonas de tránsito de mercancías usadas por los Estados Unidos.

Esta no es una amenaza ni una bravata de trinchera. Es la descripción técnica de lo que significaría una guerra asimétrica prolongada contra un imperio logísticamente dependiente de una red hemisférica de bases, rutas marítimas y puntos de apoyo. El enemigo nos obliga a pensar en términos de guerra total. Lo debemos hacer con la frialdad y la calentura del que defiende su existencia, que en realidad no es solo la suya.

Todos los grupos de solidaridad con Cuba, todos los movimientos dispuestos al máximo internacionalismo posible, deben prepararse para desencadenar escenarios de resistencia dentro de sus propios países que incluyan las bases norteamericanas como objetivos legítimos, dentro y fuera de Estados Unidos. Solo una resistencia organizada y regional podrá permitirnos modificar la correlación de fuerzas. No se trata únicamente de derrotar este nuevo escenario de agresión que el imperio impone a Cuba y a toda la región. Se trata de eliminar de una vez al imperialismo norteamericano de Nuestra América.

Trump, sin saberlo, nos da la posibilidad histórica de desatar la verdadera lucha por la independencia de nuestros pueblos y cerrar ese nefasto capítulo de nuestra historia que es el imperio norteamericano. Lo que él ofrece como amenaza de muerte, nosotros lo recibimos como la oportunidad, largamente postergada, de completar la independencia inconclusa.

No pedimos permiso para defendernos. No convocamos a un orden que ya no existe. No solicitamos el amparo de instituciones que validaron el genocidio. Le decimos al imperio, con la calma de quien se juega cosas mucho más sagradas que permisos para recibir una inversión, que cada portaaviones desplegado, cada base utilizada, cada dron lanzado, cada barco de abastecimiento, tendrá una respuesta en tiempos, lugares y formas que nosotros elegiremos.

Y le decimos al pueblo de los Estados Unidos que estamos a tiempo de evitar que sean arrastrados a una confrontación, urdida en los cómodos salones de Washington, por los mismos que dan la espalda a los graves problemas sociales que les aqueja como pueblo. Una confrontación a la que sabrán con precisión el minuto en que entran, pero no podrán afirmar el momento en que saldrán ni a qué costos. A los pueblos de América Latina y el Caribe, les decimos que ha llegado la hora de decidir.

No habrá neutralidad posible en esta hora. Será la resistencia organizada o será la complicidad cobarde. Será la independencia definitiva o será la servidumbre permanente.

Nosotros ya hemos elegido.


Fuente: https://medium.com/la-tiza/la-hora-de-la-resistencia-del-orden-muerto-a-la-independencia-definitiva-0e4a3928b570

Descargado el 18/05/2026

viernes, 10 de abril de 2026

Lanzamiento: ¡A INCENDIAR EL OCÉANO! La batalla antiimperialista de la mayor de las Antillas

Les invitamos fraternalmente al lanzamiento del libro ¡A incendiar el océano! La batalla antiimperialista de la mayor de las Antillas, una selección de textos fundamentales de Fernando Martínez Heredia, referente imprescindible del pensamiento crítico revolucionario de Nuestra América. Su pensamiento, nacido al calor de la Revolución Cubana, lejos de los márgenes del academicismo, se levanta como trinchera crítica, martiana, guevarista, gramsciana y profundamente antiimperialista.


En estos tiempos atravesados por el imperialismo demencial de los yanquis, su política bélica y su criminal bloqueo económico contra el pueblo cubano, volver a la palabra de FMH —desde su horizonte “estudio, trabajo y fusil”— es afirmar que la esperanza sigue viva en la lucha de los pueblos. Hoy más que nunca, su pensamiento resulta necesario para leer nuestro presente, fortalecer la solidaridad con Cuba y alimentar los caminos de emancipación de nuestra América Morena.

Este libro se levanta como una herramienta necesaria para las luchas de los pueblos de nuestra Región, una invitación a fortalecer la conciencia antiimperialista y a mantener viva la llama revolucionaria.

Les esperamos para compartir este encuentro de reflexión, memoria y compromiso con Cuba y con los pueblos en resistencia.

📍 Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz - ICAL, Av. Ricardo Cumming 350, Santiago, Región Metropolitana
📅 21 de abril
🕒 19.00 hrs.

Por Cuba y Nuestra América: ¡¡ que la praxis revolucionaria de los pueblos siga incendiando el océano !!

*Los fondos recaudados con la venta del libro serán destinados íntegramente a la solidaridad con el pueblo cubano, a través de la Campaña de la Red Continental Latinoamericana y Caribeña de Solidaridad con Cuba y las causas justas: “PANELES SOLARES PARA CUBA”

domingo, 15 de marzo de 2026

Preventa: ¡A INCENDIAR EL OCÉANO! Selección de textos y entrevistas de Fernando Martínez Heredia

FERNANDO MARTÍNEZ HEREDIA, pensador mulato, soldado virtuoso en la batalla antiimperialista de la mayor de las Antillas. Hereje de los dogmas  y por lo mismo del marxismo convencional y de manual, creador de una Filosofía de la Praxis revolucionaria elaborada en base a los aportes realizados por Marx, Engels, Lenin y Gramsci principalmente, traduciéndolos a la realidad cubana, mezclándolos con el legado de Martí, el Che y Fidel, hecha para y desde la isla indómita.

Revolucionario crítico y leal hasta el último de sus días a la revolución cubana, consecuente con su praxis, vivió y murió siendo un genuino comunista cubano y latinoamericano.

La lectura de sus textos son una verdadera caja de herramientas para estos "ruines tiempos" que estamos viviendo, en los que la vida de los pueblos del mundo están bajo amenaza de las  bestialidades imperialistas.

Es el instante más oportuno para difundir con urgencia su pensamiento, cuyas reflexiones nutren la praxis revolucionaria, aquella praxis que garantiza la soberanía, independencia y autodeterminación de los pueblos que no se rinden carajo!

Colabora con la preventa del libro ¡A INCENDIAR EL OCÉANO!, por solo $10.000. Las ganancias obtenidas irán directamente al movimiento chileno de solidaridad con Cuba. Si quieres hacer una reserva, escríbenos al correo lapajarilla@gmail.com o al instagram @lapajarilla


viernes, 9 de enero de 2026

Qué se vaya al carajo el imperialismo Yankee de mierda!!!

 Ante los últimos hechos ocurridos en Venezuela, en donde 150 aeronaves estadounidenses invadieron sus cielos bombardeando los mecanismos de defensa y radares. Denunciamos el asesinato de 80 personas, la violación de territorio soberano, el secuestro de Maduro y Cilia Flores y la injerencia que hace ya bastante tiempo ha tenido sostenidamente el gobierno estadounidense en los asuntos internos de distintos países latinoamericanos y del Caribe, bajo sus dos principales rostros, el pedófilo Donald Trump y el gusano de Marco Rubio.

Ante este escenario tan convulso e incierto, el presidente de turno de nuestro país ha realizado un tibio pronunciamiento y como ha sido su costumbre, servil al imperialismo, mientras que el electo celebra la invasión. Patética y vergonzosa actitud la de nuestros gobernantes que lamentablemente no nos sorprende y que tampoco nos representa en absoluto. Ante estos graves sucesos, no podemos quedarnos calladxs y tenemos que ser tajantes que la violencia y las amenazas del imperialismo yankee no debemos aceptarlas bajo ninguna condición y que lo que corresponde es responderlas.

No nos dejamos engañar por la arremetida de desinformación que las industrias de las redes sociales y los medios de comunicación masivos han llevado a cabo para legitimar estas aberrantes acciones, anulando la capacidad de criterio de las personas y manipulando nuestros cerebros mediante algoritmos basados en mentiras que inciden en la elaboración de nuestras opiniones. No dejemos que los árboles nos impidan ver el bosque.

El narcoterrorismo es un invento para justificar la violación de los derechos humanos y los acuerdos internacionales que los mismos gringos fueron parte de su redacción cuando crearon la ONU. El gran problema de la droga en EEUU, así como sucede también en otros países, no es de quien la ofrece sino de la demanda y de quien la consume. Cabría preguntarnos entonces cuáles son los motivos que incentivan su consumo y quiénes facilitan y se ven beneficiados de aquello, así cómo sabemos sucedió durante la década de los 80’ con el consumo del crack entre la población afrodescendiente financiado por la CIA. O la llegada de la pasta base a Chile durante la década de los 90’ cuando la alegría prometida nunca llegó. 

Recordemos además, que hace poco el mismo Trump con la intención de interferir en las elecciones de Honduras, indultó a uno de sus expresidentes condenado por narcotráfico. Lo que da cuenta que su verdadera preocupación no es el tráfico de drogas, sino de hacerse de las minas de oro y del petróleo venezolano, ya que a EEUU les queda tan sólo una década de producción interna de dicho combustible.

Cabe señalar también, que pese a las sanciones de la Unión Europea y de EEUU principalmente durante años contra Venezuela, fueron las que profundizaron su crisis económica afectando así a las familias más pobres de este país y que además fueron las que provocaron el éxodo masivo de millones de personas, su PIB durante el año 2025 creció un 8%, siendo según la CEPAL el país que más creció en Sudamérica, año en el que alcanzaron además la soberanía alimentaria. A quienes les guste comparar, sería conveniente que lo hiciesen con el paupérrimo crecimiento de Chile durante el último año de la gobernanza de Boric cuyo PIB alcanzó tan sólo un incremento del 2,5% y que se prevé que durante el primer año de presidencia de Kast sea de un 2,2%.

La niebla de la guerra ha llegado a Nuestra América, luego de la masacre genocida ejercida hasta hoy en Gaza por el Estado sionista de Israel con la estrecha colaboración y complicidad de Trump. Se vienen ruines tiempos como nos advirtió hace ya más de un siglo y medio José Martí, quién vivió dentro del monstruo y le conoció las entrañas, a la que se pretende ser la Roma Americana y que actualmente es liderada por su Nerón contemporáneo.

Dicha advertencia realizada por el gran poeta y revolucionario, demuestra que la historia moderna de las repúblicas criollas en América Latina, con mayor o menor intensidad según la ocasión, han sido sometidas como colonia de este imperio. Y en el caso de Chile, cabe refrescar la memoria para no olvidar, que los EEUU mediante la CIA financió a la Democracia Cristiana para que Frei Montalva lograse ser presidente, asesinó al comandante en jefe del ejército René Schneider, boicoteó el gobierno de la Unidad Popular de Allende hasta que consiguió el golpe de Estado que devino en una larga dictadura liderada por el asesino, torturador, ladrón y narcotraficante de Pinochet. Y en las últimas elecciones presidenciales, descaradamente se entrometió para asegurar que el próximo presidente fuese Kast.

Por eso es preciso darnos cuenta que la soberanía e independencia de nuestros pueblos aún es un asunto pendiente, y es por lo mismo la lucha que debemos librar ahorita. Una gran  responsabilidad histórica nos corresponde, la de romper las cadenas del yugo imperialista, para no seguir siendo esclavxs ni colonia de ningún imperio. Debemos defender nuestros territorios y recursos naturales, donde todas las formas de lucha resultan necesarias, ya que si como pueblos seguimos existiendo tras siglos de colonialismo es por nuestra historia de resistencia popular de masas.

Debemos combatir desde todas nuestras trincheras contra la barbarie imperialista y su injerencia, movilizándonos y articulándonos, generando redes de conexión y de diálogo entre los distintos movimientos sociales y sus diversas organizaciones a lo largo y ancho de nuestra Patria Grande.

Ya que como pueblos latinoamericanos y caribeños, estamos ante un grave peligro y nuestro gran enemigo en este momento sigue siendo el imperialismo yankee. Sólo la unidad y las iniciativas coordinadas podrán allanar el camino para alcanzar al fin nuestra verdadera libertad, autodeterminación e independencia. 

Por lo mismo, en Venezuela no hay ninguna transición que llevar a cabo, todo lo contrario, resulta fundamental profundizar en los procesos de emancipación y soberanía de los pueblos. Es por eso que solidarizamos con el pueblo venezolano que está organizado en comunas y en sus milicias populares, cuyas calles están colmadas de gente protestando ante esta aberrante e inaceptable invasión, confiamos en su sabiduría popular y en lo que ellxs determinen como justo y necesario para prevalecer su soberanía e independencia.

Nos sumamos al homenaje de los 32 combatientes cubanos internacionalistas, asesinados mientras enfrentaban a los terroristas imperiales, abrazamos a sus familiares y amistades en tan doloroso momento. Honor y gloria a los compas cuyo ejemplo de valentía y lucha decidida nos inspiran.

Denunciamos que el verdadero terrorista está sentado en el sillón de la Casa Blanca de Washington y hacemos un llamado especial al pueblo estadounidense, a derrocar de una vez por todas a la bestia que tienen de presidente, violador de menores y de pueblos, juicio y castigo a Donald Trump, criminal de variados delitos contra la humanidad.

Y convocamos a lxs excluídxs, explotadxs y oprimidxs del mundo entero, aquellxs que no tenemos voz en las esferas del poder a movilizarnos, considerando como bien afirmó Hugo Chávez, que el único camino en que podemos romper con la hegemonía capitalista , es por el camino de la revolución, no hay otro camino. 

Con la unidad de los pueblos de Latinoamérica y el Caribe, es que hacemos y vivimos nuestra propia y verdadera  historia. Y que se sepa que por nuestros barrios y territorios no se rinde nadie carajo. Hasta vencer o vencer.


Arriba los pueblos del mundo!!!


jueves, 18 de diciembre de 2025

Compañero Enrique Torres

Fuente: enviado por interno.



La mañana del 18 de diciembre de 1991, compañeros militantes del Movimiento Juvenil Lautaro realizan una expropiación bancaria, una recuperación de dinero en la ciudad de Coquimbo. Aquella mañana de diciembre, en un enfrentamiento con la yuta, son acribillados, y asesinados Enrique Torres Sarabia, Ignacio Escobar y Sergio Valdés.

Enrique Torres o el Lija -como lo nombrábamos tiernamente-, era hijo, padre, hermano, compañero, trabajador y un irreductible combatiente que por donde transitara, irradiaba su característica alegría, regalando siempre una sonrisa en favor de la esperanza, la igualdad y la justicia para lxs pobladorxs y niñxs de la población. En los 80, la Malaquías Concha, la Yungay y San Gregorio, fueron las poblaciones que acompañaron y abrazaron tus subversivas andanzas, donde te hiciste parte de diversas instancias de reunión, organización y combate en contra de la dictadura cívico-militar, y posteriormente contra la de la democracia burguesa perpetuadora de la violencia y la miseria, que sin duda, aplacaban tus deseos de liberación. Siempre fuiste bajo perfil, pues el contexto lo propiciaba, sin embargo, entre tu alegría y osadía, se construyó la figura del subversivo que comprendió que la guerra era la paz del futuro, acentuando siempre en que la revolución es una práctica del cotidiano y que comienza en tu propia casa… Las palabras se hacen pocas ante tanto recuerdo…

Aquella mañana del verano del 91 descargaste todas tus balas para seguir viviendo, te fuiste, se fueron, entre el humo y metralla, contentos y desnudos, matando bastardos con su cañón del futuro…

A 34 años de tu caída en combate, desde cada trinchera de lucha, con la convicción de construir un cotidiano revolucionario e insurrecto, no olvidamos tu alegría y no olvidamos tu entrega. Así, asumimos el camino de la confrontación, contra el estado, el fascismo y el kapital. Con tu ejemplo hasta la victoria…Siempre!!!

Enrique Torres, Lija… las poblaciones de la Granja aún te recuerdan en la guerra subversiva.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Cuadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci (Ediciones Era, México 1985)

Dejamos enlace para los 5 tomos de la Edición Crítica de los Cuadernos de la cárcel del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana, publicado en italiano por Giulio Einaudi editores. Turín 1975.

Publicado en español por Ediciones Era. México 1981.


Que les sea de utilidad.

Editorial Popular La Pajarilla.

domingo, 26 de enero de 2025

CUANDO LA CÁRCEL FUE ESCUELA

(Leído en homenaje a Guillermo Rodriguez estadio nacional 25 enero)

No voy a dar nombres porque no importa, pero vale decir que teníamos en común la pupila fija en la utopía y que también nos pesaba tanta humanidad devastada por el odio.

Veníamos con la adolescencia en efervescencia, con el amor y la subversión ardiendo de todas las maneras posibles, con el ímpetu recién estrenado.

Lo nuestro era arrojarnos al abismo, cobrar las cuentas pendientes. Vencer o morir, no como consigna sino como proyecto, como salvación, como redención, éramos unos críos naciendo a la lucha, agarrando la posta que nos dejaron ustedes.

Y pasó que nos saludamos, nos tomamos unos mates, nos compartimos los deseos y nos hicimos compañeros.

Entre las galerías y pasillos de la Pública conocimos tu historia y nos sentimos pequeñitos ante tanta "ficha", tanto caudal bajando el valle. Y lejos de la arrogancia, todo eso lo transformaste en escuela. Tú y otros compañeros nos armaron una ruca, un lugarcito para crecer, un espacio que contuvo el ímpetu y nos levantó los andamios para sostener ese instinto que buscaba la vida nueva, un poco a tientas hasta ese entonces.

Y te hiciste maestro, padre y compañero. Y tanto te esmeraste en formarnos que hiciste de las celdas las mejores aulas revolucionarias. Nos presentaste a la Rosa Luxemburgo, a Trostski, a Gramsci, a Mao, a Mariategui y a tantos y tantas otras que, en algún momento, muchas lunas después, algunos nos atrevimos, sin dejar de temblar, a discutirte de política. Y fue como egresar y poder mirarte de otro modo, sin rebajar tu altura, sin dejar de sentir que estabas ahí, detrás de lo que pudimos empezar a pensar por nosotros y nosotras mismas.

Quizá fuiste el primero que nos aceptó y validó en tiempos en que desistir era lo sensato. Y ahora que lo pensamos, era obvio, eras el loco Willi, el Pepe grillo más revolucionario y consecuente que conocimos.

No nos arrepentimos de hacerte caso y de no pescarte a ratos. El viaje siempre fue contigo, nos acompañamos con teoría, con práctica y con el mejor humor negro que siempre fue aliado para los malos tiempos.

Como todo buen profe, fuiste profeta de la crónica de una locura anunciada. Y aunque no estuviste de acuerdo con esas decisiones, nos apañaste, nos cuidaste, nos regañaste y nos arropaste también. Sabías que eran nuestros muertos los que nos estaban tironeando la sangre. En ese trayecto, también nos alcanzó la prisión, pero ya nos habías preparado. Por eso el golpe de los esbirros no fue tan duro, nos habías enseñado lo que era la tortura, la cárcel, la traición de los cercanos, entonces podíamos saber lo que se venía y eso nos hizo más fuertes. Sin ti, todo habría sido mucho más difícil.

Lo último que queremos tirar al viento hoy, pensando en ti, es que, después toda esa historia compartida, después de esas oncecitas con la Elsita y lxs calcetines wachos en la Ángela Davis, después de ver en el tiempo a tus hijxs, después de humanizarte, de celebrar tus luces y reconocer tus sombras, seguimos sintiendo que la causalidad nos dio uno de los más grandes privilegios que puede tener alguien que cree en el socialismo y el comunismo como horizonte y única posibilidad de una vida digna para lxs más.

Y ese privilegio, como hace unos días me recordó mi compañero, fue haberte conocido. Gracias por tu vida, Guille. Te extrañaremos siempre.

viernes, 10 de enero de 2025

La Filosofía de la praxis como concepción del mundo: Intelectual y callejera. La dialéctica de Gramsci

Por Gonzalo Ossandón Véliz 

Hay que destruir el prejuicio, muy difundido, de que la filosofía es algo muy difícil por el hecho de que es la actividad intelectual propia de determinada categoría de científicos especialistas o filósofos profesionales y sistemáticos.[1]

I. Todos son filósofos

Con esta escueta frase: «todos los hombres son filósofos», Antonio Gramsci cuestiona los paradigmas filosóficos planteados hasta ese momento y a la vez mundaniza la celestial práctica política, otorgando así tan honorífica membrecía tanto a fulana como a zutano. En una frase, todos, todas y todes, si a nuestra propia existencia se refiere, somos filósofos. O sea, podemos asumir de un modo consciente una determinada concepción del mundo que nos permite vivir la vida que vivimos. Se une así el pensamiento común con el pensamiento elaborado en las distintas épocas, en un vínculo que no admite cortes; siendo el pensamiento común no consciente en parte consecuencia de las elaboraciones conscientes de los filósofos profesionales y viceversa.

Así,

los dilemas derivados del conocer, pensar y dudar no serían exclusivos de la actividad propia de singulares intelectuales, sino más bien una creación colectiva e histórica, y su importancia radicaría precisamente en la relación existente entre estos intelectuales y los «hombres y mujeres-masa» que producen su realidad de acuerdo con lo que histórica y socialmente se les ha condicionado de manera congruente con una determinada hegemonía.

Luego, nuestro modo de pensar y de obrar, sea consciente o no, constituye nuestra moral y orienta todas las actividades cotidianas, desde aquellas que nominamos como económicas, filosóficas, políticas e incluso aquellas que consideramos superficiales e irrelevantes, y es en ellas donde producimos colectivamente la historia social de nuestra realidad concreta.

Constituimos así una filosofía espontánea que emana del quehacer cotidiano inmediato, de la vida que consideramos como práctica y de aquel conjunto de nociones y conceptos que contienen las ideas que expresamos a través del lenguaje, nuestro sistema de creencias y opiniones, etc., que se vierte, según Gramsci, en el sentido común.

Destruido este prejuicio tan difundido, Gramsci nos propone pasar al momento de la crítica en relación con nuestra manera de concebir el mundo, preguntándonos qué tanto ella ha sido el producto de una propia y consciente elaboración. Cabe destacar la estrategia escritural con la cual formula esta invitación. Se trata de una pregunta en la que las dos opciones nos interpelan, pues no da lo mismo cuál se elija:

Una vez se ha demostrado que todos son filósofos, aunque sea a su manera, inconscientemente, porque incluso en el lenguaje, esa manifestación mínima de actividad intelectual, se halla contenida una determinada concepción del mundo, se pasa al segundo momento, el momento de la crítica y de la conciencia, es decir, a la siguiente cuestión: ¿Es preferible «pensar» sin tener conciencia crítica, de forma disgregada y ocasional, es decir, «participar» en una concepción del mundo «impuesta» mecánicamente por el ambiente externo (…) ¿O es preferible elaborar la propia concepción del mundo consciente y críticamente y, por tanto, en conexión con semejante esfuerzo del propio cerebro, elegir la propia esfera de actividad, participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guía de nosotros mismos y dejar de aceptar pasiva y supinamente desde el exterior la huella que queda sobre nuestra personalidad?[2]

Esa decisión personal y voluntaria que significan estos actos es lo que nos convierte en guía de nosotros y nosotras mismas; dejando ya de ser orientados, reproduciendo la enajenación, por una concepción del mundo foránea que modela nuestro vivir según un determinado fin y que, curiosamente, solemos desconocer.

Adoptar una actitud crítica con respecto a nuestra propia realidad nos posibilita adquirir consciencia de lo que se es y de nuestra historicidad, y, por ende, comprender de mejor modo el instante del desarrollo social en el que vivimos.

Dicha actitud nos permite también hacer visibles las huellas que las ideologías dominantes han dejado en nosotros y, por lo tanto, poner en cuestión a todas las filosofías que hasta ahora existieron, considerando que estas se consolidaron al calcificarse en la conciencia común colectiva. Es por ello que el inicio de una elaboración crítica consiste en un «conócete a ti mismo» que hace explícita la necesidad de inventariar las ideas recibidas, reconocer que nuestra personalidad es producto de una serie de relaciones sociales, económicas, históricas, políticas, filosóficas y culturales; y que somos a la vez productores y resultado del pensamiento común de nuestra época.

Esta elaboración crítica resulta decisiva para Gramsci, ya que permite develar la relación dialéctica entre la filosofía, la política y la historia, como también entre la teoría y la práctica. Pero, además, sus afirmaciones buscan aludir a la necesidad de establecer un nexo entre los filósofos y la praxis cotidiana de las personas, construyendo un vínculo concreto, social e histórico entre teoría y práctica.

Cabe enfatizar que, al ser este nexo dialéctico, ambos términos (intelectuales/praxis cotidiana de las personas) se van alterando mutuamente y cambiando en la medida de cómo se relacionan en una situación histórica concreta. Es por esto también que al trazar una línea continua que va desde la espontaneidad del sentido común al pensamiento más elaborado de un filósofo o una filósofa, habilita la oportunidad de que como formación personal cualquier individuo pueda acceder a intervenir en las grandes problemáticas que nos aquejan como humanidad.

Asimismo,

sus planteamientos consideran los obstáculos existentes para que cualquier persona acceda al nivel más elevado de la teoría de su época, lo cual se fundamenta en la importancia que se le asigna en las sociedades modernas a la conformación de las élites en la producción del conocimiento.

Gramsci nos invita a problematizar en torno a esta cuestión, lo que nos lleva a la crítica de todas las concepciones del mundo a las que adscribimos de manera inconsciente. El cuestionamiento a estas concepciones del mundo permite visualizar cómo las ideologías que se conforman en culturas políticas pretenden ser hegemónicas y resultan ser propias de ciertos agrupamientos sociales:

Merced a la propia concepción del mundo se pertenece siempre a un determinado agrupamiento, y precisamente al de todos los elementos sociales que comparten un mismo modo de pensar y actuar. Se es conformista de cierto conformismo, se es siempre hombres-masa u hombres-colectivos. La cuestión es esta: ¿de qué tipo histórico es el conformismo o el hombre-masa del que se forma parte? Cuando la concepción del mundo no es crítica y coherente sino ocasional y disgregada, se pertenece simultáneamente a una multiplicidad de hombres-masa, la personalidad propia se compone de forma extraña (…)[3]

Cabe destacar de la cita anterior, la distinción realizada por el sardo entre «hombres-masa u hombres-colectivos», parecen no ser lo mismo: o se es masa de cierto conformismo o se es colectividad consciente y crítica de cierto conformismo. Así el pensar colectivo puede comportarse disgregado y ocasional, alienado de las realidades concretas y sumiso a los intereses de ciertos agrupamientos sociales hegemónicos. O bien, lo que Gramsci nos propone como alternativa de salida ante la sumisión: «Criticar la propia concepción del mundo significa, pues, hacerla unitaria y coherente y elevarla hasta el punto al que ha llegado el pensamiento mundial más avanzado. Significa también, por tanto, criticar toda la filosofía que ha existido hasta ahora, en la medida en que esta ha dejado estratificaciones consolidadas en la filosofía popular.»[4]

Es por ello que la concepción del mundo de la cual somos parte estará siempre compuesta de elementos sociales e históricos que nos agrupan y nos tienden a producir cultura y sentido común. Pese a que se nos presente a la individualidad como antagonista de la colectividad, el primer elemento en su propia existencia necesita contagiarse del segundo para existir.

Esta propuesta del sardo nos impulsa a asumir y elaborar nuestra concepción del mundo, nos exhorta a adoptar una decisión consciente y hacerla propia, escogiendo nuestra esfera de actividad y participando desde ahí en la elaboración de la historia del mundo, haciendo de la propia biografía, historia. Como consecuencia, ello nos lleva a pasar de la voluntad individual que somos a integrarnos en voluntad colectiva consciente, y pasar de una revisión crítica individual de nuestra concepción del mundo a una revisión crítica colectiva. De esta manera, la pregunta que hace Gramsci, y que hemos citado antes, está ahora dirigida a un organismo colectivo.

II. Acerca del «sentido común»

En Marx se encuentra a menudo cierta atención al sentido común y la solidez de sus creencias. Pero no se trata de una referencia a la validez del contenido de tales creencias sino precisamente a la robustez formal de estas, y por lo tanto a su carácter imperativo cuando producen normas de conducta. De hecho, en las referencias se halla también implícita la afirmación de la necesidad de nuevas creencias populares, esto es, de un nuevo sentido común y por lo tanto de una nueva cultura y de una nueva filosofía, que arraiguen en la conciencia popular con la misma fuerza y carácter imperativo que las creencias tradicionales.[5]

Para Gramsci, la filosofía espontánea de cualquier individuo, cuando es inconsciente y, por eso mismo, caótica y abigarrada, es propia del sentido común. Es decir, de ese cúmulo de ideas, nociones, costumbres y hasta comportamientos que adoptamos como algo original, pero, en definitiva, es la sociedad en la cual se vive, y sus supuestos hegemónicos, los que nos la han impuesto.

Por otra parte, comprende que el buen sentido es el resultado del ordenamiento del sentido común, siendo este, posible de ser activo o pasivo en lo que respecta al transcurso de su propia historia. Cabe mencionar que no existe un solo sentido común, ni puede ser entendido este de modo homogéneo, ya que cada agrupamiento social posee el suyo propio al que adherimos compartiendo ciertos aspectos tanto de nuestro modo de actuar como de pensar.

Así es como Gramsci a través de sus argumentos no sólo arrebata de los olimpos del conocimiento humano el quehacer filosófico, sino que además lo pone en tensión y valida su accionar en el terreno enmarañado del sentido común, buscando develar cómo la ideología dominante se vuelve hegemónica, pero también cómo es posible que, desde aquí, se pueda confeccionar un buen sentido que consiga empatar con la filosofía de la praxis, volviéndose esta hegemónica.

Crear una nueva cultura no solamente significa realizar individualmente descubrimientos «originales»; también significa, especialmente, difundir críticamente verdades ya descubiertas, «sociabilizarlas» por así decir, y por tanto hacer que se conviertan en base para acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral. Que una masa de hombres sea vea llevada a pensar coherentemente y en forma unitaria el presente real es un hecho «filosófico» mucho más importante y «original» que el hallazgo de una nueva verdad por parte de un «genio» filosófico, que acabará siendo patrimonio de pequeños grupos intelectuales.[6]

III. La Filosofía de la praxis como un momento de la cultura moderna

Filosofía de la praxis es un concepto acuñado por un solitario Antonio Labriola a comienzos de los novecentos, y que lo utiliza para destacar la independencia y originalidad de la filosofía inaugurada con los planteamientos de Marx. Gramsci desempolva –como si fuese un arqueólogo– este concepto, buscando profundizar en esta posición y reivindicar a esta filosofía como útil para las transformaciones y el mejoramiento de las condiciones humanas de existencia. Lo va a emplear, por lo tanto, para referirse a una determinada concepción del mundo que la considera como un momento muy importante y significativo de la cultura moderna.

La filosofía de la praxis ha sido un momento de la cultura moderna; en cierta medida ha determinado y fecundado algunas de sus corrientes. (…) La filosofía de la praxis presupone todo este pasado cultural, el Renacimiento y la Reforma, la filosofía alemana y la revolución francesa, el calvinismo y la economía clásica inglesa, el liberalismo laico y el historicismo que está en la base de toda la concepción moderna de la vida. La filosofía de la praxis es la coronación de todo este movimiento de reforma intelectual y moral, dialectizado en el contraste entre cultura popular y alta cultura. Corresponde al nexo Reforma protestante + Revolución francesa: es una filosofía que es también una política y una política que es también una filosofía. (…)La afirmación de que la filosofía de la praxis es una concepción nueva, independiente y original, aun siendo un momento del desarrollo histórico mundial, es la afirmación de la independencia y originalidad de una nueva cultura en incubación que se desarrollará con el desarrollo de las relaciones sociales.[7]

Gramsci nos presenta así a la Filosofía de la praxis como aquella concepción del mundo que incuba una nueva cultura, por lo que resulta ser la superación dialéctica de todo el pensamiento moderno; que considera la realidad social como una totalidad concreta, en donde todos los aspectos desmenuzados de nuestras vidas son a la vez partes de un todo coherente y orgánico, constituyendo pues un error grave todo intento de separar al ser humano de la naturaleza, al sujeto del objeto, a la actividad de la materia y al ser del pensar y del hacer, en definitiva, a la teoría de la práctica, quedando obsoleto el dualismo racionalista binario y siendo superado por la praxis.

(…) «materialismo histórico», o sea actividad del hombre (historia) en concreto, esto es, aplicada a cierta «materia» organizada (fuerzas materiales de producción), a la «naturaleza» transformada por el hombre. Filosofía de la acción (praxis), pero no de la «acción pura», sino precisamente de la acción «impura», o sea real en el sentido profano de la palabra.[8]

Praxis, es así la actividad práctica de la historia concreta. La creación humana ontocreadora de nuestra realidad social, entendiendo que la historia es un proceso práctico donde la existencia humana la transforma y la produce, es decir, es producto y productividad a la vez.

Si en el perenne fluir de los acontecimientos es necesario fijar conceptos sin los cuales la realidad no podría ser comprenderse, también es necesario, y de hecho es imprescindible, fijar y recordar que realidad en movimiento y concepto de la realidad, si lógicamente pueden ser distintos, históricamente deben concebirse como unidad inseparable.[9]

Si los fenómenos o hechos sociales que estudiamos de la realidad se mueven, a los conceptos con los que se definen tendría que sucederle lo mismo. Dilema que resulta complejo, considerando que en la naturaleza del concepto está implícita su inmovilidad y es mediante ellos que asimos una realidad social en perpetua transformación. Valdría la pena preguntarse entonces, ¿por cuánto tiempo resulta posible fijar la realidad conceptualmente?, considerando esta como una de las mayores dificultades del trabajo teórico.

Buscando resolver esta problemática, es que Gramsci emplea la dialéctica como método para concebir el mundo y reflexionar, donde la relación es la que constituye a los conceptos sin constituirse estos a priori, quedando condicionados sus contenidos y orientaciones a la forma y circunstancias reales en cómo se relacionan los términos.

(…) De otro modo ocurre lo que le ocurre a Croce; que la historia deviene historia formal, historia de conceptos, y en última instancia historia de los intelectuales, y de hecho historia autobiográfica del pensamiento de Croce, una historia de moscas cocheras.[10]

Todo es político, también la filosofía o las filosofías, y la verdadera filosofía es la historia en acto, es decir la vida misma. Existe, por lo tanto, un vínculo dialéctico entre historia y filosofía, un estrecho nexo entre teoría y práctica, entre teoría y acción política, unidad que hace de la política la verdadera filosofía, que es teoría y práctica al mismo tiempo, que no se limita a interpretar el mundo, sino que lo transforma con la acción, es la necesidad de pasar de la filosofía especulativa a la política, entendida esta como acción transformadora.

De esta manera, podemos plantear que el momento culminante de la política vista de este modo es la revolución, la creación de un nuevo Estado, de un nuevo poder y de una nueva sociedad. Este estrecho vínculo orgánico entre la política y la filosofía hace que el momento culminante de la filosofía sea la política transformadora, y que el o la filósofa sea político o política en su calidad transformadora.

La apuesta que Gramsci nos propone consiste, pues, en ser conscientes de nuestra realidad social con actitud crítica ante lo que conocemos y con una concepción dialéctica del mundo y su comportamiento histórico, una teoría-concepción en proceso que se va adecuando continuamente de acuerdo al movimiento histórico de la realidad misma y que, por tanto, no es posible de reducir a un manual como pueden serlo aquellas concepciones que ya hayan agotado su posibilidad de elaboración en el tiempo.

Se trata de una concepción del mundo que reivindica el valor filosófico del hacer, del transformar, de la construcción de una nueva sociedad, de una nueva estructura económica, de una nueva organización política y también de una nueva orientación teórica, ideológica, moral y cultural. Aplica en la práctica, por lo tanto, las tesis de su filosofía, supera aquellas contradicciones filosóficas que no pueden ser resueltas en el plano del pensamiento especulativo, pero que en cambio sí pueden serlo en una nueva sociedad.

IV. Filosofía de la praxis: Concepción del mundo para una praxis revolucionaria

Antonio Gramsci fue un militante y dirigente del PCdI, que en ese entonces se proponía un programa revolucionario como proyecto político para la construcción de una nueva sociedad anclada a su realidad. Participó de manera entusiasta en los acontecimientos conocidos como el bienio rosso, volviéndose años después en destacado dirigente de la Internacional Comunista.

Su dedicación al oficio de la militancia revolucionaria fue prácticamente exclusiva, su vida personal, sus vínculos sociales, amores y desamores, lecturas, incluso los lugares que conoció y los sucesos que le acontecieron estuvieron marcados por su opción convicta y confesa, por un modo de vida hacedor de revoluciones, un intelectual orgánico en su quehacer.

Asimismo,

como sucede con la praxis, resulta imposible separar en la vida y obra de Gramsci su elaboración teórica con su quehacer práctico. Son indisolubles y se explican mutuamente.

Así lo confirma tempranamente en sus escritos, cuando en septiembre de 1919, a la edad de veintiocho años, Gramsci redacta el artículo «El desarrollo de la revolución», en el cual sostiene que «la revolución no es un acto taumatúrgico, es un proceso dialéctico de desarrollo histórico».[11]

Distanciándose de las tendencias fatalistas o mecanicistas de las lecturas de Marx, el joven sardo reivindica el carácter esencial de las revoluciones como procesos propios del desarrollo de la historia, y su carácter dialéctico de la realidad concreta; asume que estas son realizadas por mujeres y hombres a través de su praxis en el marco de la lucha histórica entre clases sociales.

Esta se consigue en la medida en que los grupos subalternos, explotados, oprimidos y dominados, en búsqueda de su emancipación, obtienen una autoconsciencia de su condición histórica y adoptan la decisión de organizarse para transformar su situación.

De esta forma, Antonio Gramsci, en su calidad de revolucionario y pese a escribir sus reflexiones siendo prisionero político del régimen fascista, nos propone en sus denominados Cuadernos de la Cárcel no sólo cómo concebir el mundo de manera unitaria y coherente sino también, y fundamentalmente, cómo transformarlo.

Notas:

[1] Gramsci, A.: Cuadernos de la Cárcel, Segundo volumen, Cuadernos 6–11 (1930–1935), Ediciones AKAL, Madrid, 2023. (Traducción y notas de Antonio J. Antón Fernández. Introducciones e itinerarios de lectura a cargo de Anxo Garrido). Q n°11, p. 630.

[2] Gramsci, A.: ob. cit.

[3] Gramsci, A.: ob. cit., pp. 630 y 631.

[4] Ibíd., p. 631.

[5] Gramsci, A.: ob. cit., p. 650.

[6] Gramsci, A.: ob. cit., p. 632.

[7] Gramsci, A.: Cuadernos de la Cárcel, Editorial ERA, México D.F., 1981. (Edición crítica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana). Q 16, pp. 259, 264–266.

[8] Gramsci, A.: Cuadernos de la Cárcel, Editorial ERA, México D. F., 1981. (Edición crítica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana). Q n°4, p. 167.

[9] Gramsci, A.: Cuadernos de la Cárcel, Segundo volumen, Cuadernos 6–11 (1930–1935), Ediciones AKAL, Madrid, 2023. (Traducción y notas de Antonio J. Antón Fernández. Introducciones e itinerarios de lectura a cargo de Anxo Garrido). Q n°10, p. 522.

[10] Ídem.

[11] Gramsci, A.: «El desarrollo de la revolución», en Valentino Gerratana, Antonio Santucci (eds.), L’Ordine Nuovo 1919–1920, Torino, Einaudi, 1987, p. 207.

Fuente: https://medium.com/la-tiza/la-filosof%C3%ADa-de-la-praxis-como-concepci%C3%B3n-del-mundo-intelectual-y-callejera-e96425c0bbf3

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